Subí el volumen que quiero gozar: Juanes y el placer femenino

En el videoclip “Pa’dentro” del cantante colombiano Juanes el placer femenino es protagonista. Mujeres diversas, seguras de sí mismas, disfrutando de su sexualidad mientras el hombre acompaña. Metáforas eróticas y composiciones visuales que rebalsan de sensualidad sin caer en el falocentrismo recurrente en reguettones y otros ritmos latinos populares. En este contexto de luchas feministas, nos acercamos a una apuesta innovadora en las formas de nombrar y visibilizar a las mujeres y su sexualidad.

Una tarde cualquiera una amiga te manda un link y te dice “esto no puede esperar, necesito que eventualmente debatamos el video y su letra”. Mirás el video una, dos, tres veces antes de emitir cualquier juicio. Las mujeres estamos acostumbradas a que en los espacios festivos los temas musicales que más se celebran nos coloquen en un lugar pasivo y receptivo: poca ropa, mucha bebida alcohólica, nula conciencia de sí y de la situación, y un hombre con un ego enorme que “nos da lo que queremos”, aunque ni siquiera lo pidamos, pero se sobreentiende que “es lo que nos gusta”. Lo bailamos, para no quedar como ortivas, pero hace rato que estas situaciones nos vienen haciendo un ruido interno enorme.

Esta canción y su video eran diferentes a todo lo que habíamos escuchado y visto. Desde el primer momento nos encontramos en sintonía con su propuesta visual y sonora, en una especie de deleite constante en el que la sensualidad y el goce femenino iban de la mano del empoderamiento, la diversidad y la autoafirmación.

Nos referimos al video de la canción “Pa’dentro” del cantante colombiano Juanes, publicada en YouTube a fines de mayo de 2018, que cuenta con más de 52 millones de visualizaciones. La letra fue escrita por el artista junto a Camilo Echeverry y Mau y Ricky Montaner, los hijos del cantante venezolano Ricardo Montaner; y producida por Sky y DVLP (productores de J. Balvin, Ozuna y Maluma). Combina ritmos caribeños, urbanos y africanos. El video fue filmado en diferentes locaciones de Medellín como la Comuna 13, el Museo de Arte Moderno y el Parque Biblioteca Belén, bajo la dirección de los franceses Greg y Lio.  

¿Nos estábamos dejando seducir y perdíamos nuestra “mirada crítica” ante un producto de la industria musical? ¿O esta canción nos ofrecía realmente la posibilidad de empezar a pintarnos –y vernos– de cuerpo entero con una paleta de colores más amplia

Violencias simbólicas: la mujer como objeto pasivo

El sociólogo francés Pierre Bourdieu sostuvo en La Dominación Masculina (2000) que la violencia simbólica casi siempre es impuesta sin ser percibida por sus propias víctimas:

“(…) la violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento”.

Podemos pensar cómo hasta hace poco tiempo, muchas mujeres consumíamos productos culturales –en este caso, musicales– sin realizar una lectura crítica del mensaje que estos proponían. Hoy, a la luz de la expansión del movimiento feminista a escala global, seguimos bailando los mismos temas (porque su masividad hace que los encontremos en todas partes), pero a muchas se nos nota la incomodidad y el desprecio hacia lo que estamos escuchando. Y esto no tiene nada que ver con un pretendido “puritanismo” de las feministas, sino justamente con el rol subordinado y pasivo que estas letras dan a las mujeres, en las que el deseo y el placer hegemónico siguen siendo masculinos.

Sin pretender hacer un listado exhaustivo de este tipo de música, y sin acusar de todos los males al reggaeton (porque sabemos que el machismo y la misoginia atraviesan todos los géneros musicales debido a que nuestra cultura forma parte de un sistema patriarcal) destacamos algunas frases de las canciones de moda que además de ofensivas, rozan el delito:

  • “Siempre me dan lo que quiero, chingan cuando yo les digo” (Cuatro babys, Maluma).
  • “No te asombres si una noche entro a tu cuarto y nuevamente te hago mía. Bien conoces mis errores el egoísmo de ser dueño de tu vida” (Eres mía, Romeo Santos).
  • “Quiero una mujer bien bonita callada que no me diga nada, que cuando me vaya a la noche y vuelva en la mañana no diga nada… Quiero que sepa bailar, que nunca salga sola, que nunca quiera pelear” (La Muda, Cali y El Dandee).

La Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres que establece los diferentes tipos de violencia que se ejerce contra la mujer, define a la violencia simbólica como aquella “que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad” (Art. 5).

En sus canciones y en sus videos, los cantantes de moda nos muestran como nos quieren: obedientes y sumisas, objetos de su propiedad, calladas como ausentes. Nos dan el placer que creen que queremos, cuándo y cómo ellos lo quieren. Nuestros cuerpos femeninos aparecen siempre danzando para el goce masculino, semidesnudos, con las medidas exactas que el mercado vende como perfectas. Mujeres en vidrieras, que sólo ellos, los más machos de los supermachos pueden tener. Sí, tener y poseer.

Los patrones que más se repiten en este género se basan en la reproducción de los arquetipos tradicionales de la mujer (objeto de placer sexual, en rol pasivo) y del hombre (sujeto activo, proveedor de placer, dinero, aventuras). Es común ver a las mujeres semidesnudas, como frutas apetecibles para el consumo masculino, mientras los hombres hasta visten camperas y están adornados con joyas. La que se exhibe, menea y mueve en torno del hombre es la mujer.

Además, nos enseñan a bailar esas canciones en los boliches de una manera análoga, respetando la asimetría de género: nosotras pasivas, ellos dominantes. En el espacio público y el privado. En la casa y en la cama. ¿Es posible escaparle a este mensaje? ¿Tomar las herramientas de la cultura popular para ofrecer un mensaje más sano y diverso? ¿La sexualidad femenina es eso que nos muestran Maluma y Daddy Yankee?

Sexualidad, diversidad y empoderamiento femenino

Si nos sentimos incómodas, encorsetadas y hasta denigradas con esta forma de representar la sexualidad es porque hay otras, diversas y plurales, en las que lo central es nuestro deseo. La periodista Luciana Peker en su libro Putita golosa (2018) afirma que el deseo es el núcleo de la autonomía femenina, que la revolución es la revolución del deseo y lo que jode es que las mujeres mostremos, gritemos, hagamos cuerpo nuestro deseo.

La sexualidad femenina, como nosotras la vivimos y entendemos, es diferente a la concepción pornográfica tradicional que restringe lo sexual a lo genital y en la cual el hombre toma el control y la penetración tiene un rol central. Partamos de la base de que existen mujeres hétero, homo, trans, travas, bisexuales. Existen diversas formas de habitar lo femenino.

La sexualidad femenina puede ser concebida como un momento creativo y de apertura al mundo desde la autoestima y la confianza en nosotras mismas. Primero desde el reconocimiento de nuestros deseos genuinos y lo que nos da placer, porque las mujeres no nacimos para complacer a otrxs. Si vamos a compartirnos, primero tenemos que saber lo que nos gusta y lo que no y para eso debemos dedicar tiempo al autodescubrimiento y al cuidado propio. La sexualidad femenina también se nutre del disfrute, de hacer lo que nos da placer (bailar, compartirnos, expresarnos, pintar, investigar), de abrirnos a los cinco sentidos con sus colores, sabores, texturas, olores. Toda mujer deberá asumir el desafío de reconocer qué es la sexualidad para cada una. Restringirla a la penetración es pensar que el placer femenino no puede existir sin un otro-masculino fálico lo que implica un profundo desconocimiento de las formas, tiempos y necesidades de la sexualidad de la mujer.

Si la energía sexual femenina está estrechamente vinculada a la energía creativa y al placer, podemos resignificarla diciendo que es la forma de expresar nuestra energía vital y de habitar nuestro cuerpo desde el placer. El poder de la sexualidad radica en que donde hay goce y deseo genuino hay autoestima, poder vital, ausencia de enfermedad. Porque ni hablemos (o sí, empecemos a hacerlo) de todos los bloqueos emocionales y físicos que las mujeres sufrimos como consecuencia de no vivir plenamente la relación con nosotras mismas y con otrxs, de no reconocer nuestro deseo o de vivirlo con culpa, de no establecer límites saludables en nuestras relaciones o de no vivir acorde a nuestro deseo vital. De no sentirnos merecedoras de placer por no encajar en los estereotipos de género que se nos asignan.

Sumemos otra complejidad a esta idea de que las mujeres “debemos estar siempre disponibles” para un otro. Las mujeres somos cíclicas: así como la naturaleza tiene sus estaciones y la luna tiene sus fases, las mujeres tenemos nuestro ciclo menstrual/hormonal a través del cual experimentamos momentos de mayor o menor apertura al mundo y sus exigencias. De ese ciclo también se nutre nuestra sexualidad, pero parece que la representación de la mujer sexual es siempre la de la mujer que ovula (con el deseo allá arriba y dispuesto a ser entregado a un hombre). Por el contrario, se oculta la sangre, el desborde y el “mambito” premenstrual, así como otras formas de expresar la energía sexual creativa (llorar, reír, bailar, pintar, correr, emprender, construir) que no tengan que ver con coger o “estar ahí” por y para un otro.

Y por si no quedó claro que queremos asumir plenamente nuestra sexualidad y hacer del deseo el motor de la revolución feminista, Luciana Peker (2018) reafirma que:

“(…) el feminismo subtropical, sucada, latino, comunitario o anticolonial (feminismos tercermundistas) no puede ser acusado de conservador o puritano porque, básicamente, exuda cumbia y reguetón, pantalones en culos grandes y tatuajes que destacan las tetas de las tortas y las travas, chicas que piden que los muchachos bajen a hacer downtown en vez de pechearse entre ellos en la esquina al grito de “chupame la pija” (2018: 23).

El medio es el mensaje: análisis de pa’dentro

La canción de Juanes hace una referencia metafórica pero contundente al sexo oral femenino, aspecto poco explorado –por no decir inexistente– en las canciones del género:

“(…) paso a paso bajo el escalón donde no te pega el sol. Poco a poco, paso el Ecuador y yo quiero besarte ahí, donde nace la quebrada, en esa tierra sagrada y cuando se acaben los besos p’ al centro y pa’ dentro”.

¿P’al centro y pa’ dentro Juanes? ¿De verdad? ¿Así de rápido y mecánico? No. El estribillo sigue:

“(…) En esa playa mojada…ahí…tanto que me la soñaba, y cuando quieras que lleguemos…Pa’l centro y pa’ dentro”.

Y entonces sí, lo que parece ser más de lo mismo, se quiebra. Ya no es más el hombre en su rol dominante quién decide el qué, el cómo y el cuándo. Esta vez es él quien se pone al servicio del placer femenino, y es ella quien marca los tiempos en sintonía con sus deseos. A la sexualidad del consumo le gana la sexualidad del goce. Se rompe el reloj impuesto por un sistema que quiere todo rápido y moldeado, para dar paso al ciclo interno en el que dos cuerpos deseantes se complementan.

Por otra parte, podría pensarse que una letra cargada de tanta sexualidad podía dar lugar a un vídeo vulgar y explícito. Nada más lejos de la propuesta audiovisual del colombiano. Las metáforas líricas tienen su correspondencia en la imagen: rosas y frutas –con una sandía como máximo exponente– reemplazan a la típica exhibición de cuerpos como ganado. Las mujeres, empoderadas, libres y naturales danzan para sí mismas, como en un ritual ancestral de autoafirmación. Él es espectador y cómplice. Porque tanto la letra como el vídeo apuestan a un guiño de complicidad entre los géneros, la sexualidad y el goce. Ni siquiera hace falta la desnudez para expresar sensualidad: ropas ligeras, holgadas, cómodas y coloridas, faldas amplias, zapatillas, shorts y sandalias. Más cercano a lo que usamos cotidianamente y tan distante a las megaproducciones que moldean el cuerpo femenino (y ojo, que amamos los brillos). Quizá lo que erotiza, mueve y estimula es la mujer celebrándose a sí misma, la confianza y la certeza de estar en el cuerpo como un anclaje terrenal que conecta, a su vez, con dimensiones simbólicas, poéticas, rituales.

Como complemento perfecto y coherente, las grandes protagonistas son mujeres de belleza diversa: “(…) me gusta mucho que todos los que aparecen en el video son muy naturales, hay gente gorda, flaca, alta, bajita, hay hasta una chica con una prótesis. Creo que en esa variedad hay algo maravilloso. Todo lo hicimos con la idea de que te ponga a pensar, a cuestionarte frente a muchas cosas”, dijo el cantante en una entrevista para El Tiempo.

Sin levantar una pancarta feminista de dudosa credibilidad, Juanes se hace cargo de la coyuntura que vivimos, y aporta desde el lugar que se ganó en el mundo de la música, una perspectiva diferente sobre el placer y la sexualidad femenina. Amalgama sonidos, letra e imágenes para ofrecer un mensaje disruptivo: podemos ser sensuales, bailar y gozar sin denigrar. Aplausos de pie para el colombiano.

Algunos textos para profundizar estos temas:

BOURDIEU, PIERRE (2000): La dominación masculina. Barcelona: Editorial Anagrama.

PEKER, Luciana (2018). Putita golosa: por un feminismo del goce. Buenos Aires: Galerna.

ÚTERA, Autogestión de la salud femenina, ciclicidad femenina, ginecología natural