Cuerpos perfectos: introducción a la intersexualidad*

Ni trastorno ni enfermedad. Hablar de intersexualidad es hablar de diversidad corporal y de las normas sociales que establecen cuáles son los cuerpos normativos, deseables, válidos y legítimos. Es poner el mundo del revés, para enderezarlo y que tengan lugar en él otros mundos posibles.

Ser o no ser lo que la sociedad quiere

Intersexualidad no es lo mismo que hermafroditismo. Mientras que este último concepto refiere a un individuo cuya corporalidad se compone de ambos sexos (es decir, que cuenta con pene y vagina), la intersexualidad abarca un conjunto muy amplio de corporalidades posibles y no un cuerpo en particular.

“El término intersexualidad engloba un amplio espectro de situaciones en las que el cuerpo sexuado de una persona varía de manera congénita respecto del modelo corporal ‘masculino/femenino’ hegemónico” (INADI, Intersexualidad, 2016). Se estima que cada año un 1,7% de niños y niñas en todo el mundo nacen con variaciones en sus características sexuales (Amnistía Internacional).

El concepto de “variación” resulta fundamental para entender de qué hablamos cuando hablamos de personas intersex. Existen diferentes tipos de variaciones de los modelos estándar de corporalidad masculina y femenina:

  • Aquellas que involucran a los cromosomas (XXY);
  • Configuraciones y localizaciones particulares de las gónadas (coexistencia de tejido testicular y ovárico, testículos no descendidos, etc);
  • Configuraciones de los genitales (pene “demasiado” pequeño, clítoris “demasiado” grande; vagina ausente; final de la uretra desplazado de la punta del pene a uno de sus costados).

Estas variaciones, en algunos casos, pueden comprometer la asignación del sexo al nacer. Es entonces que ingresan la cultura y la necesidad humana de clasificar, para intentar “poner orden” al supuesto desorden biológico.

“La intersexualidad no es una ‘urgencia’ médica en sí misma; en todo caso, es el modo en que la sociedad aborda y trata la intersexualidad lo que se constituye como problemático”, (INADI).

Medicalización y activismo

“Del proceso de generización se derivaron los protocolos atencionales aún vigentes en nuestras sociedades: a la asignación temprana al género femenino o masculino debe seguir, de modo imprescindible, la intervención “normalizadora” sobre el cuerpo” para ubicarlo dentro del binarismo masculino/femenino, sostiene Mauro Cabral (activista trans e intersex) en “Cuando digo intersex” (entrevista realizada por Gabriel Benzur).

Entre las justificaciones de las intervenciones médicas sobre los cuerpos que no pueden ser pensados en términos genérico-sexuales se encuentran la búsqueda de “normalizar” la apariencia de los genitales para que el individuo no se quede “sin género” y el temor a la discriminación (la asignación genérica aseguraría el ingreso de ese individuo en la subjetividad sexuada, en la ley y en el lenguaje).

Ante las respuestas medicalizadas y patologizantes, fue necesario el surgimiento de un activismo que cuestionara las concepciones hegemónicas en torno del cuerpo, la identidad y la sexualidad. Surge así en 1993 la Sociedad Intersex de Norte América, cuya demanda principal consistió en exigir el cese inmediato de todo tratamiento médicamente innecesario y no consentido destinado a la “normalización” de los cuerpos.

Como resultado de las cirugías y otras intervenciones médicas, a las personas intersex se les vulnera su derecho a la integridad física y al libre desarrollo y expresión de su identidad de género autopercibida.

“El parámetro de adecuación es impuesto en función del coito heterosexual y penetrativo, a la vez que las expectativas sociales estandarizadas se colocan por encima de la sensibilidad, el desarrollo y el consentimiento de la propia persona intersex”, (INADI).

Alianzas con el feminismo

Ante una posible alianza con el movimiento feminista, Mauro Cabral sostuvo:

“Si asumimos que el sujeto del feminismo son las mujeres, y la definición de mujer (y de hombre) no es puesta siquiera en duda, difícilmente la introducción de cuestiones intersex llegue a buen puerto, porque el activismo intersex viene a cuestionar, justamente el funcionamiento del género, el carácter prescriptivo de la diferencia sexual que en muchos casos el feminismo acepta acríticamente”.

Ante este posicionamiento, es bueno destacar que el movimiento feminista no sólo es heterogéneo, sino que hay muchos debates aún no saldados en su interior.  Entre ellos, se cuestiona la definición del género, y los modos de ser mujer y hombre en nuestras sociedades. En este sentido, una alianza no sólo resultaría posible sino también necesaria.

Actualidad

Recientemente se han producido algunos avances orientados a la despatologización de las personas intersex y al respeto por su autodeterminación. El “Acta de Identidad de Género, Expresión de Género y Características Sexuales” (Malta, 2015) prohíbe las intervenciones sobre los cuerpos de los/as niños/as intersex y reconoce el derecho de sus madres y padres a demorar la inscripción de su sexo en la partida de nacimiento.

Sin embargo, este tipo de medidas también ha recibido críticas, porque muchas personas intersex no se sienten neutras o indefinidas, sino que adscriben al género femenino o masculino, de acuerdo a sus propias trayectorias personales.

Será cuestión de escuchar a todas las voces y poner el mundo del revés, para enderezarlo y que, en él, tengan lugar otros mundos posibles.

*Nota publicada originalmente en Escritura Feminista.