Nos dicen feminazis*

“Feminazi” es la expresión a la que se recurre cuando se quiere obturar el debate feminista. ¿Por qué se usa un término que asocia a ciertas mujeres con el nazismo? ¿Quién lo popularizó y qué se esconde detrás de él?

Cuando la actriz británica Emma Watson dio un discurso en Naciones Unidas para la presentación del programa “He for She” (2014), se lamentó del sentido que había adquirido la palabra “feminismo”.

“Hace seis meses fui elegida como embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres. Y entre más hablaba de feminismo, más me daba cuenta de que la lucha por los derechos de las mujeres frecuentemente se traducía en odio hacia los hombres”.

La tergiversación es otra de las formas que utiliza el patriarcado para perpetuarse.

En este sentido, el término “feminazi” pretende desviar la atención de los verdaderos cuestionamientos y reclamos que plantea el feminismo, ese movimiento heterogéneo y complejo integrado por múltiples feminismos diversos que, si algo tienen en común, es la búsqueda de la equidad de género. Ni machismo al revés, ni hembrismo. La lucha es por la igualdad, no por la superioridad de un género sobre otro/s.

El origen de la falacia

El vocablo “feminazi” fue popularizado por el locutor de radio y comentarista político conservador estadounidense Rush Limbaugh en 1992 para criticar –y estigmatizar– a las mujeres que defendían el derecho al aborto, y luego extendió su uso contra el feminismo en general.

De acuerdo al propio Limbaugh, el término servía para describir a las mujeres que hacen del feminismo un estilo de vida fanático. Esta definición sirve para explicar su uso en la actualidad.

Lo que parece molestar a muchxs (está claro que no sólo quienes se autoperciben como hombres usan la expresión “feminazi”) es que el feminismo ya no se conforma con denunciar la cara más visible de la violencia de género (los femicidios y abusos sexuales/violaciones) sino que va por todo. Cuestiona un sistema entero que enseña roles de género, que se convierten en estereotipos que violentan las libertades de quienes quieren otra cosa.

Y ahí molesta. Porque señala con el dedo y propone renombrar costumbres que ya no están naturalizadas para que adquieran el significado que en verdad tienen: si la mujer dice “no”, no es “sí”, es no. El acoso callejero es acoso, no piropo. El cuerpo es soberanía de la mujer, no del Estado, ni de la Iglesia, ni de ningún hombre.

Estos cuestionamientos requieren, del otro lado, la puesta en práctica de un ejercicio de deconstrucción al que muchxs no están dispuestxs.

Ph: Cuenta no feik, Feminazi 2, CC BY-SA 4.0

¿Cuál es el genocidio feminista?

Por otra parte, que el término sea un acrónimo formado a partir de la combinación de las palabras “feminista” y “nazi” no es casual. Tiene la clara intención de graficar un supuesto escenario en el que las mujeres tratarían a los hombres de una forma similar al tratamiento que los judíos y otras minorías recibieron de parte de los nazis (despojo de su dignidad como personas y de sus derechos civiles).

En 1996, la periodista y escritora feminista Gloria Steinem criticó el uso que Limbaugh hizo de la expresión “feminazi”, argumentando que Hitler accedió al poder posicionado en contra del movimiento feminista alemán (muchas de quienes lo integraban fueron asesinadas en campos de concentración), cerró las clínicas de planificación familiar y declaró al aborto un crimen contra el Estado.

Asimismo Alda Facio, experta internacional en género y Derechos Humanos, define en el Diccionario de la Transgresión Feminista al feminismo radical (del que son acusadas las supuestas “feminazis”) como “una corriente del feminismo que no hace alusión a una excesiva beligerancia o fanatismo, como la palabra radical podría sugerir, sino a que esta corriente sostiene que para lograr eliminar la desigualdad social es indispensable atacar la raíz del problema”.

Mientras algunxs usan la expresión desde el desconocimiento hacia el feminismo, otrxs muchxs lo hacen porque, como dicen por ahí, “cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión”.

*Nota publicada originalmente en Escritura Feminista.