¿Cuál es la gorra peligrosa?

A partir del aumento de las detenciones a jóvenes de barrios populares denunciados por distintas organizaciones sociales, cabe preguntarse qué proceso histórico existe previamente que éstos jóvenes son considerados “peligrosos” .

Sin lugar a dudas, estas detenciones son contrarias al derecho; pero además a la lógica del derecho penal, ya que para éste no hay delincuentes sino delitos, por lo que las detenciones sin hechos delictivos como causa podrían tratarse de una política de seguridad en relación a una estética: morocho, con gorrita o visera, ropa deportiva, movimientos bruscos, voces resonantes, falta de higiene, actitud desafiante. ¿Siempre fueron reconocidos así? ¿cómo eran los sospechosos de principios de siglo XX?

José Ingenieros a principios del siglo XX definía a los delincuentes por sus características físicas (orejas y mentones grandes, por ejemplo) y Lombroso, un criminólogo positivista de finales del siglo XIX, refería que los caracteres físicos de las clases populares demostraban inferioridad física e intelectual. Además sostenía que el grado de civilización de las clases pobres equivalía a la de los pueblos primitivos.

Nuestra oligarquía criolla importó del viejo continente la idea de superioridad de la raza blanca europea y nórdica relegando al lugar de “peligroso” y “bárbaro” a las clases populares latinoamericanas. Desde esta misma matriz se creía que el negro y el indio, por no contar con ascendencia cristiana, carecían de moral por lo que eran considerados criminales natos. Así biología y peligrosidad estaban directamente relacionados.

MALO, FEO Y SALVAJE

Durante la Edad Media la búsqueda de rastros de Dios y el Diablo incluía al cuerpo. Se creía que estos seres extraordinarios dejaban marcas (rasgos) en el cuerpo porque era un espejo del alma.  Los equivalentes al delincuente nato eran el demonio, las presencias perturbadoras, deformidades, monstruosidades etc. Así maldad y fealdad estaban relacionados directamente.

Durante la revolución industrial los ciudadanos que no habían sido incorporados al sistema de producción capitalista y, en consecuencia, por su situación social se volvían “peligrosos”. Es decir que “malo, feo y peligroso” en distintos momentos de la historia de la humanidad caracterizó a una cierta herejía del Sistema (los de afuera). Esta tríada fealdad-maldad-peligrosidad es una matriz  que tiene como base la marginalidad en relación a la hegemonía.

¿Quién puede sostener los valores estéticos del capitalismo sin dinero, mal alimentados, en condiciones de higiene deplorables, expuesto a epidemias e infecciones?

Hoy no se habla de razas sino de estéticas y esa idea se internaliza influyendo directamente en la vida de los chicos y chicas. Lo que hoy conocemos como “portación de cara” ¿qué tiene de distinto con la idea de José Ingenieros acerca de que el petiso orejudo era delincuente por sus extensas orejas?

Esa mirada del “Otro social” hacia la juventud se instala afectando los cuerpos y dándole un nombre al ser:  “delincuente”, “pibe chorro”, “sospechoso”. La política punitiva deja de estar orientada a los hechos para penalizar al ser. Que te persigan por quién sos no es lo mismo que lo hagan por lo que hacés.    

Ya sea durante la Edad Media y sus demonios o durante el sistema capitalista y los excluidos, la disputa es por la hegemonía. Sería interesante pensar qué disputan estos “pibes chorros” y por qué el Estado, garante de derechos (¿de quienes) los criminaliza.  

 “Con el correr de los años pareciera que en la opinión pública contemporánea la esterilización fue un invento diabólico del nacionalismo, al tiempo que en nombre de la ciencia, hoy se rasgas las vestiduras frente a ella y a la castración, cuando lo cierto es que Hitler y Rosenberg no inventaron nada, sino que se limitaron a consagrar y practicar el corolario lógico del racismo biologista, que era un delirio científico del poder mundial desde varias décadas antes,  elevado para justificar sus nacionalismos hegemónicos y sus prejuicios etnocentristas contra las razas inferiores colonizadas, las razas impuras que les disputaban la propia hegemonía interna de sus propias burguesías”. (Eugenio Zaffaroni)