Esa pared

En la Plaza de Mayo de la República Argentina hay una pared que permanece como testigo y monumento del horror del bombardeo a plaza de mayo. Esta breve ficción en homenaje a las víctimas del bombardeo del 16 de junio de 1955 cuenta lo que esa pared nos diría si pudiera hablar.

Esa pared


Por Juan Lojo

A veces pienso, ¿por qué carajo no vienen y me hacen una entrevista a mí?

Digo, ¿no? Yo tengo muchos años ya y la verdad que tengo mucha calle también. Me la paso todos los días en la calle. ¡La cantidad de historias que podría contar! Es más, no soy de andar en una calle cualquiera, sino que estoy donde está el quilombo… y a veces la fiesta, pero menos veces. Bah, ya no sé, hace un tiempo era más fiesta, pero de vez en cuando se veía alguna marchita o manifestación que protestara un poco. Parecía que la gente estaba más contenta. Y eso que no mucho antes acá mismo la gente estaba que ardía con las cacerolas, la montada y todo eso. Cada cosa ve uno desde acá.

Pero bueno. Ahora cambiamos. Desde hace dos años que vienen a hacer quilombo todas las semanas. Y no te hacés una idea lo que cambió la pinta de la plaza. Tiene florcitas más lindas, eso no te lo voy a negar, pero también está siempre vallada y la federal está siempre dando vueltas.

Me hace acordar a cuando era más chica y recién venía por primera vez a la plaza. En esa época había algunas manifestaciones y demás, pero el problema era que al mínimo alboroto se reprimía con furia, casi con odio diría… Bueno, como hace diez años digamos. ¡Pucha che, parece que va y viene como por modas!

Yo, igual, nunca me quise meter en quilombos. Siempre me hice la sota y me quedaba quietita. Que se caguen a palos entre ellos. La verdad que mucho no los entendía tampoco, pero bueno. A veces uno la liga por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, y como yo siempre estoy en la plaza alguna vez la tenía que ligar.

¡Y cómo ligué!

Me acuerdo como si fuera hoy. Fue en el 55. Ese día la plaza estaba relativamente tranquila no como otras veces, cuando hablaba el general o su señora ¡Esos actos eran insufribles! Se llenaba la plaza de cabecitas negras, de “descamisados” como les decían ellos. Comían, chupaban, hasta se desvestían en público y se bañaban en las fuentes ¡Qué país!

Pero en fin, ese día de junio del 55 fue terrible. Yo estaba donde siempre, sobre la calle Hipólito Yrigoyen, cuando veo que vienen los aviones y empiezan a caer las bombas. La gente corría como loca, no entendía nada y para colmo llegaron más aviones, esta vez con metralletas…¡y empezaron a disparar! Era como si de golpe se largara la tormenta, pero en vez de agua caían balas… y te juro que no hay paraguas que aguante.

Yo quería correr pero tenía los pies pegados al piso. No pude ni siquiera agacharme.  Yo soy de esas minas que se mantienen firmes, viste, pero bueno, a una bomba no hay con qué darle. Incluso yo tenía miedo de caer y aplastar a alguien. No quería sumar más muertos. Después me enteré… fueron 308 personas las que perdieron la vida. Algunos completamente mutilados. Fue un horror.

Te juro que yo ni sé cuántos balazos me pegaron, pero corrí mejor suerte que la gente de la plaza. Me quedaron las cicatrices de las balas. De hecho, nunca quisieron curármelas para que no se olvide lo que había sucedido, pero creo que con eso no basta. Hay que hablar de eso, sino la gente pasa a mi lado como si nada. Ni saben de dónde vienen estas marcas.

Fue una de los peores días de mi vida… y mirá que en Plaza de Mayo pasa de todo.

Siempre pasan cosas, buenas y malas, yo siempre digo que tengo primera fila en la función de la historia. Y como todo esto me dejó las marcas del intento de golpe ya casi que soy un monumento.

No soy una pared cualquiera. Soy esa pared, la del Palacio de Hacienda, la que después de 62 años todavía tiene los impactos de las balas como un testimonio mudo de la barbaridad de la historia.

Pared del Palacio de Hacienda con marcas de balas producidas durante  el bombardeo a plaza de mayo de 1955. Una placa colocada en 1994 recuerda el hecho. Se ve la salida del subte A.

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