Hatshepsut: la verdadera faraona

La historia de Hatshepsut demuestra que la biología y la cultura libran una histórica batalla por el dominio del cuerpo y la identidad de género que no cesa de fracasar. Entre el cuerpo y el sujeto hay un mundo de luchas políticas e ideológicas que vienen de tiempos inmemoriales.

“Flor de la V puede ser madre, padre tío, lo que quiera. Ahora, hay una cosa que Flor de la V no es. No es mujer. Es un travesti. Es así”

La fotografía que acompaña este artículo es una reproducción de una escultura de la Reina-Faraón de Egipto Hatshepsut, quien gobernó entre 1503 y 1482 A.C. Algunos podrían decir que se trata de una antigua victoria sobre el patriarcado, o quizá que el patriarcado no es algo tan antiguo, sino un producto más reciente de la historia. Lo cierto es que la historia de Hatsheptsut se abre a múltiples lecturas, pero lo que más nos interesa es analizar qué de aquella reina nos sirve para pensar hoy la desigualdad de género.

Hatshepsut fue una de las pocas mujeres que gobernó el antiguo imperio Egipcio, ya que la labor femenina consistía tradicionalmente en su protección, pero no en la dirección. Cada sexo tenía una función específica de la cual dependía la armonía del imperio (y con esto, en seguida descartamos esa breve esperanza de que el patriarcado fuera un problema exclusivamente moderno). Una mujer sí podía asumir la conducción política cuando no hubiera un claro sucesor masculino, o como Reina Regente hasta que asumiera el nuevo heredero (si estás pensando en Cersei Lannister no es casualidad). Pero el caso de la reina Hatshepsut es excepcional por otras razones: ella desplazó a su hijastro (a simple vista, legítimo heredero) alegando que su linaje era dudoso, pero además autoproclamandose primogénito del dios Amon, es decir, primer hijo varón, y por ello legítimo heredero.

Con el tiempo,  Hatshepsut adoptó casi todos los atributos masculinos de su cargo, haciéndose representar desde entonces como hombre. ¿Estaremos ante uno de los primeros casos de transgénero reconocidos por la autoridad pública? Es interesante encontrar que existen muchas reproducciones antiguas de su nombre en las que se suprime el jeroglífico “t” al final, ya que se trata del indicativo del género femenino ¿Es posible insistir entonces en que las luchas feministas sobre el lenguaje sean una mera inflexión posmoderna? Más bien parece que el reconocimiento del poder performativo del lenguaje ya existía en las sociedades antiguas y que la “x”, el “@”, la “e” o las mutaciones en el lenguaje como “Presidenta” y “Portavoza” son claras intervenciones políticas con efectos sobre la visibilidad y representación de los colectivos sociales.

Por otro lado, desde lo icónico, otro ejemplo de la disputa de género en torno a la figura de Hatshepsut es que muchas veces aparece representada con la barba faraónica, únicamente legítimamente vestida por hombres. Por último, ya quizá en el terreno de la consagración simbólica, el dato más interesante es que su momia fue enterrada en el valle de los reyes, siendo ella la única “mujer” allí.

Hay muchas teorías y versiones acerca de las razones para que Hatshepsut adoptara una identidad de género masculina, desde delirios mesiánicos hasta la necesidad de masculinizarse para no ser derrocada en un mundo controlado por hombres (si estás pensando en la infinidad de relatos sobre las mujeres que acceden a posiciones de poder en nuestra cultura occidental, de nuevo, no es casualidad). Sin embargo, lo “curioso” es que son muy pocas las interpretaciones que reconocen la posibilidad de que se trate de un caso histórico de identidad de género. De cualquier modo, lo que hace relevante a la historia de Hatshepsut no son las teorías, sino que pone en evidencia que tanto el patriarcado como la imposición (fallida) de un sistema sexo-género binario son problemáticas de larga data.

PH: Rémih [GFDL, CC-BY-SA-3.0 or CC BY-SA 2.5 ], de Wikimedia Commons

La captura capitalista-idealista: mi cuerpo, mi identidad, mi propiedad

Aunque se podría decir mucho sobre el derrotero histórico de la concepción del cuerpo y el género desde Hatshepsut hasta nuestros días, nos gustaría acelerarlos hacia nuestro tiempo de capitalismo tardío donde impera el goce y estamos obligados a ser libres. Autores como Agnes Heller atribuyen a la modernidad la emancipación legal del cuerpo a través de la ley de habeas corpus, que de acuerdo con su etimología latina significa <<‘que tengas [tu] cuerpo [para exponer]’, “tendrás tu cuerpo libre”>>. Sin embargo, también explican que la promesa de liberación del cuerpo no se ha dado, sino que éste sigue siendo reprimido y es cada vez más ocultado. ¿Cómo compatibilizar esta idea con la vivencia práctica de todos nosotros de la exhibición masiva de cuerpos para el consumo en la TV a diario?

La imposibilidad legal de modificar el cuerpo propio y de ser reconocido con el género al que uno se identifica es una clara represión de la corporalidad en aquellos países donde no existen leyes de identidad de género. Sin embargo, la misma crisis identitaria, que es expresión de la rigidez de las categorías que olvidan la excepcionalidad de cada cuerpo, que olvidan “que existe sólo una vez y desafía normas generalizadas y explicaciones científicas” (Heller y Fehér, 1995), es un ejemplo del mandato social idealista que jaquean, pero mandato al fín. El conflicto que plantean la transexualidad y los debates sobre identidad de género, incluso algunas argumentaciones a favor del aborto que se fundamentan en el derecho de propiedad sobre el cuerpo, son un claro ejemplo de que este aún no ha sido liberado, incluso aunque en Argentina la identidad de género está garantizada por ley.

Así, es posible hablar, como si fuese una frase hecha, de la “liberación del cuerpo”, enunciado típicamente dualista que olvida que la condición humana es corporal, que el hombre es indiscernible del cuerpo que le otorga espesor y sensibilidad de su ser en el mundo. (…) En este sentido, sólo habrá “liberación del cuerpo” cuando haya desaparecido la preocupación por el cuerpo. Y estamos muy lejos de esto” (Le Breton, 1995)

No queremos cuestionar con esto ninguna de las luchas por la conquista de derechos mencionadas en este artículo. Más bien al contrario, se trata de señalar la riqueza del debate que conllevan: no existe lucha política que esté exenta de contradicciones, pero son también esas contradicciones las que mueven la historia y los espacios desde donde las luchas populares pueden ser capturadas por la ideología dominante.

A fuerza de ser redundantes, queremos dejar algo en claro: no se trata tampoco aquí de celebrar una apertura infinita de identidades, puesto que merecería al menos un poco más de análisis considerar cuáles son las consecuencias de una sociedad que se articula eminentemente a partir de la diferencia. Además, la voluntad de los sujetos “disidentes” (porque las corporalidades son todas en alguna medida disidentes, incluso la de los sujetos “adaptados”) de responder a la interpelación cultural y sujetarse a una categoría definida por la ideología dominante no puede tomarse así, sin más, como un movimiento de liberación del cuerpo.

La verdadera y utópica liberación del cuerpo será cuando cada quién pueda hacer del suyo lo que sea su instinto, sin preocuparse por ocupar un espacio culturalmente delimitado. Pero es la opinión de quien escribe que ese régimen de vida no es posible, o por lo menos no es humano, ya que si algo somos es sujetos ideológicos. En definitiva se trata, al menos por ahora, no de liberar al cuerpo, sino de liberarse de él (de la preocupación por él) y los corsés culturales que impone un sexo biológico.

Algunos textos para profundizar estos temas:

LE BRETON, David (1995): “Introducción”, “Lo inaprehensible del cuerpo” y “En las fuentes de una representación moderna del cuerpo: el hombre anatomizado” en Antropología del cuerpo y la modernidad

HELLER, Ágnes y FEHÉR, Ferenc (1995): “La modernidad y el cuerpo” en Biopolítica.

SENNETT, Richard (1994): “Introducción: el cuerpo y la ciudad” y “Conclusión: cuerpos cívicos” en Carne y piedra.

ALTHUSSER, Louis: “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” en La filosofía como arma de la revolución.

CAMERON, Deborah (1997) Performing identity: Young men’s talk and the construction of heterosexual masculinity. En: JOHNSON, Sally y ULRIKE Hanna MEINHOF, Language and masculinity.

WIKIPEDIA, enciclopedia en línea: “Hatshepsut” http://es.wikipedia.org/wiki/Hatshepsut

WIKIPEDIA, encyclopedia en línea: “Hábeas Corpus” http://es.wikipedia.org/wiki/Habeas_corpus

El Smithsoniano. Hatshepsut: la reina que sería rey https://www.smithsonianmag.com/history/the-queen-who-would-be-king-130328511/