Sobrevivir en las calles de Buenos Aires

El Primer Censo Popular de Personas en Situación de Calle y Riesgo de estarlo responde a la necesidad de visibilizar una problemática en crecimiento. Ante la falta de interés del Gobierno de la Ciudad, resulta imperioso que organismos estatales y organizaciones sociales cuenten con los datos necesarios para desnaturalizar los estereotipos que recaen sobre quienes viven en la calle. Saber para analizar. Analizar para encontrar soluciones. En este artículo repasamos los resultados y los ponemos en contexto.

En mayo de este año se realizó el primer Censo Popular de Personas en Situación de Calle y en Riesgo de estarlo (CPPSC) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Trabajaron en conjunto el Ministerio Público de la Ciudad, el Consejo de Organizaciones de la Defensoría del Pueblo y la Presidencia de la Auditoría General; todas instituciones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El relevamiento tuvo como objetivos: localizar geográficamente a las personas y/o grupos familiares que se encuentran en situación de calle en el ámbito de CABA; determinar la cantidad de personas y describir la situación social de quienes se encuentran efectivamente en situación de calle, y estimar el número de personas en riesgo de estarlo. Participaron del Censo 430 encuestadores que recorrieron 48 barrios porteños en 8 días durante el 8 y el 15 de mayo de 2017.

¿Por qué se hizo necesario un Censo Popular?

Según la ley  Ley N° 3706/11 de Protección y Garantía Integral de los Derechos de las Personas en situación de calle y en riesgo a la situación de calle de la Ciudad de Buenos Aires:

“Se consideran personas en situación de calle a los hombres o mujeres adultos/as o grupo familiar, sin distinción de género u origen que habiten en la calle o espacios públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en forma transitoria o permanente y/o que utilicen o no la red de alojamiento nocturno”. La ley contempla a personas que están en riesgo de situación de calle y los define como hombres o mujeres adultos o grupo familiar que padecen al menos una de las siguientes situaciones:

  • Se encuentran en instituciones de las cuales egresarán en un tiempo determinado y estén en situación de vulnerabilidad habitacional.
  • Se encuentran debidamente notificados de resolución administrativa o sentencia judicial firme de desalojo.
  • Habitan en estructuras temporales o asentamientos, sin acceso a servicios o en condiciones de hacinamiento”.

Desde el informe que sintetiza el Censo se denuncia que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires invisibiliza la problemática de las personas en situación de calle debido a lo siguiente:

  • No incluye en su conteo a personas que se alojan de manera transitoria en la red de alojamiento nocturno;
  • Tampoco se incluye a quienes se encuentran en riesgo de estar en calle (quienes viven en hoteles bajo el subsidio habitacional otorgado por el Decreto 690/GCBA/06, quienes duermen en estructuras temporales o asentamientos, personas institucionalizadas en cárceles, hospitales generales y hospitales monovalentes de salud mental con posibilidad de egreso).
  • No recorre la totalidad de los barrios.

Frente a la negativa del Gobierno de la Ciudad de generar una mesa de trabajo conjunto para realizar el relevamiento anual que establece la Ley N° 3706/119, diferentes organizaciones sociales, políticas, culturales, estudiantiles, académicas, personas en situación de calle y en riesgo de calle llevaron adelante el PRIMER CENSO POPULAR DE PERSONAS EN SITUACIÓN DE CALLE (CPPSC), con la intención de dar cuenta de la dimensión real de esta problemática.

RESULTADOS

Se contactaron en total 4590 personas. De sus respuestas, se desprenden los siguientes datos:

  • GRUPO ETAREO
La Descamisada. Gráfico de torta 86.5% de la gente en calle es mayor de edad y 13.5% es menor de edad.
Gráfico de elaboración propia. Fuente: CPPSC

El 86,5% de las 4590 personas contactadas es mayor de 18 años. De la totalidad de la población adulta censada un 49% estaba sola, un 12% se definió como grupo familiar y un 21.5% fueron contactadas en ranchadas.

  • GÉNERO
La Descamisada. Gráfico de torta: 24.5% de la gente en calle es mujer, 74,5% es hombre, 1% es trans
Gráfico de elaboración propia. Fuente: CPPSC

De la población contactada un 24,5 son mujeres, un 74,5% son varones y un 1% personas trans.

El informe indica que es posible comprender la diferencia en los géneros a través de sus procesos de socialización. Mientras para las mujeres se registran algunas estrategias de supervivencia que retrasan la llegada a la calle (trabajo en casas de familia, ayuda por parte de familiares y amigos por su condición de mujer y más si tienen hijos) para los varones el estereotipo de proveedor podría impactar negativamente en la aceptación de ayuda.

En el caso del colectivo trans destaca las dificultades para contactar a esta población no solo por ser de las más vulneradas en todos los aspectos sino también las más olvidadas en materia de políticas públicas. Además existe un movimiento permanente del lugar de residencia debido a la violencia de los vecinos y la policía.

De los menores de edad el 45% son mujeres y el 55% son varones.

  • NIVEL DE INSTRUCCIÓN
La Descamisada. Gráfico de torta: 4% de las personas en calle es analfabeta, 54% tiene sólo el primario, 15% tiene el terminó el secundario y 2% tiene un título de educación superior
Gráfico de elaboración propia. Fuente: CPPSC

El 93% de las personas adultas entrevistadas, ha alcanzado algún nivel de instrucción.

En el caso de la población menor de 18 años de la que se obtuvo información (n= 526), el 73,6% concurre a la escuela: 25% se encuentra cursando el nivel inicial, un 52% el nivel primario y un 18% el nivel secundario.

Los números son destacables porque se observa una alta concurrencia a la escuela a pesar de las enormes dificultades que acarrea para niñas/os y adolescentes en situación de calle sostener la escolaridad. Esto ayuda a desarmar miradas estigmatizadoras que asocian a la pobreza con el desinterés de los adultos en la educación de sus hijos/as.

  • PERMANENCIA EN CALLE
La Descamisada. Gráfico de torta 23% de las personas en calle llevan 1 año o menos en esa situación. 12% llevan entre 2 y 6 años. 65% lleva más de 6 años.
Gráfico de elaboración propia. Fuente: CPPSC

De la totalidad de los encuestados, un 58% respondieron sobre el tiempo que llevan viviendo en la calle. Sobre ellos, los números son los siguientes:

Podría relacionarse el alto porcentaje de personas que hasta hace un año no vivían en situación de calle con el aumento de la pobreza e indigencia, así como también con la desmejora general en la situación socioeconómica de las familias.

Un 80% de las personas que se refirieron al lugar dónde duermen (n=1802), expresaron que todos los días duermen en la calle, mientras que el 20% restante refiere alternar la calle como lugar de pernocte con otros dispositivos, como la red de alojamiento nocturno transitorio, entre otras opciones. Los barrios con más personas en situación de calle son: San Telmo (356), Retiro y Palermo (282), Balvanera (269), y Villa Soldati (207).

La ley 3706/11 le exige al Estado la promoción de un cambio social para desnaturalizar y deconstruir estigmas y estereotipos que reproducen discriminación y criminalización contra personas en situación de calle.

Derribando estereotipos

Los datos del Censo permiten desnaturalizar los prejuicios que muchas veces recaen en quienes viven en la calle. No todos son extranjeros, adictos, se niegan a trabajar o son mantenidos por el Estado mediante programas sociales

La Descamisada. Gráfico de barras. Comparativa nacionalidad de las personas en calle: 88% argentinos 12% extranjeros
Gráfico de elaboración propia. Fuente: CPPSC
  • Sólo un 12% (n= 1944) de las personas adultas entrevistadas nació en otros países:

Los extranjeros provienen principalmente de: Uruguay (29%), Paraguay (21%), Bolivia (15%), Perú (16%) y Chile (8%). Sólo un 26% nació en otras provincias. El 62% de la población entrevistada nació en AMBA.

  • Un 10% de las personas que respondió la pregunta sobre adicciones (n=1952) explicita que el consumo problemático de sustancias psicoactivas las llevó a estar en situación de calle. Entre los motivos que mencionan como principales se encuentran: problemas familiares (n=810) y problemas socio-económicos (n= 682).
  • Si bien sólo un 5% de los encuestados (n= 1721) cuentan con algún tipo de ingreso fijo, un 61% de ellos (n= 1805) consideran que con una mejor en las actividades que realizan para subsistir y/o con acceso al trabajo se solucionaría su situación actual.
  • Entre quienes refieren ser beneficiarios de algún programa social (n=330), un 38% cobra la Asignación Universal por hijo y un 44% algún plan alimentario (ticket social, Ciudadanía Porteña, otros). Sólo un 1% dice cobrar subsidio por desempleo. Asimismo, un 2% está jubilado y un 7% cobra alguna pensión no contributiva. En lo que respecta a los niños, niñas y adolescentes, el 60% (n= 246) no recibe ningún tipo de beca o ayuda escolar.

La violencia como moneda corriente

El 70% de las personas entrevistadas (N=1840) relató haber sido víctima de una o varias formas de violencia institucional y/o social (discriminación, amenazas, violencia física, abuso sexual, robos o hurtos). Entre las tres categorías más frecuentes (discriminación, amenazas, y violencia física), la principal fuente de violencia reconocida es la institucional, ejercida primero por las fuerzas de seguridad y luego por funcionarios públicos de instituciones y programas estatales del gobierno que deben interactuar de manera directa con las personas en situación de calle (hospitales públicos, paradores, BAP, Ministerio de Espacio Público, etc.).

Analizar para entender. Entender para actuar

Las distintas causas del fenómeno de calle se vieron acrecentadas a partir de los años 90 con la implementación por parte del Estado Nacional de políticas neoliberales cuyo principal objetivo era la acumulación de capital en pocas manos y la exclusión de una gran parte de la población argentina. Dichas medidas llevaron a que en nuestro país la mitad de la población fuera pobre en el año 2001. Las políticas implementadas a lo largo de ese período fueron de corte asistencial, solucionando la emergencia en calle, sin combatir las causas estructurales que originan la problemática.

Estas causalidades que llevan a una persona a construir parte de su historia en la calle no están relacionadas directamente con no tener dinero o casa. A partir de la implementación del modelo neoliberal hubo un resquebrajamiento de los lazos sociales, y los parámetros identificatorios que definían a la sociedad moderna cayeron (espacios de referencia que forman parte del núcleo simbólico de la sociedad del siglo XX como la iglesia, la familia, la escuela, el barrio, la sociedad de fomento, el club social y deportivo, el sindicato). La hipercomunicación con el mensaje de la inseguridad constante aísla e individualiza. No hay otro que garantice cierta estabilidad identitaria, y el otro, mi par, es peligroso.

La caída de los ideales y la imposición de un modelo de exclusión social resquebrajaron los lazos simbólicos y familiares. Ante una situación de crisis muchos individuos no cuentan con herramientas para responder. Esa fórmula genera sujetos que quedan excluidos. Este modelo económico no genera solamente trabajadores explotados, sino también sujetos que quedan por fuera como restos de una operación.

Si no existen redes de contención, muchas veces estar en la calle y armar una ranchada permiten cierta construcción de identidad y sentido de pertenencia, con sus propios códigos sociales y organizacionales. Esa construcción identitaria no se soluciona con una vivienda o un empleo formal.

Socialmente las personas en situación de calle son vistas como “locos” o personas que están ahí porque no trabajan. Asimismo se observa una naturalización de la situación y una ausencia de respuestas o estrategias por parte del conjunto de la población ante la problemática. Las personas caminan al lado de niños durmiendo en colchones viejos, pasan a través de familias que construyen su trayectoria diaria en techos de negocios, galerías de edificio, paliers, etc. Las personas en situación de calle son un elemento más del paisaje. Es probable que las etiquetas usadas en estos casos: “loco”, “vago” sean mecanismos para evitar la angustia de una sociedad sin rumbo y la responsabilidad que implica asumir que todos debemos ofrecer una solución a esta situación.

¿Por qué CABA?

La Ciudad de Buenos Aires es el distrito con mayor población en situación de calle por su característica de centro poblacional con mucha circulación de personas que posibilita la obtención de empleo o la implementación de estrategias de supervivencia como la mendicidad, venta ambulante, etc.

En CABA existe el programa BAP que interviene sólo a partir de las demandas que se reciben a través de la línea directa 108. Si bien existen en el programa muchos profesionales comprometidos con su trabajo y con mucho criterio, la realidad es que la política que se implementa trabaja poco con las causalidades y pone el foco en la cuestión asistencial directa. El programa contacta a la persona en situación de calle o al grupo familiar para asesorarlos sobre los paradores nocturnos.

El subsidio habitacional que ofrece el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires consiste en 3800 pesos que resultan insuficientes para alquilar un departamento o una vivienda. El subsidio cubre 10 meses de alquiler (dentro de ese período la situación debe estar resuelta). Sucede muchas veces que los casos terminan judicializados mediante recurso de amparo y la justicia intima al GCBA para que resuelva la situación.

Si uno se detiene a interactuar con las personas en situación de calle descubrirá lo obvio: ¡la cantidad de herramientas, estrategias de supervivencia y potencialidades que tienen!

Los niños que comúnmente jalan poxi-ran, al ver una pelota o un juguete vuelven a ser niños y juegan, porque estar en la calle también implica armar cierta coraza. Un niño en la calle si no es rudo y agresivo ¿cómo sobrevive?

¿Entonces qué?

Lo que para muchos resulta un lugar de tránsito para otros es un estar permanente y en ese estar hay también un obstáculo para la proyección a futuro: la mayoría del tiempo está destinado a garantizar la subsistencia no solo económica sino también física.

El Estado debe promover políticas de concientización, desmitificación e inclusión social para la población en situación de calle pero ¿no son ellos el resultado del modelo político cultural implementado desde la década del 70, profundizado durante los años 90 y que volvió a estar vigente el último año y medio?

Las políticas de inclusión social – muchas veces paliativas- no son suficientes si lo que predomina en el país es un modo de producción que no necesita al trabajador porque prioriza la especulación y el dinero por sobre la vida digna de todos sus habitantes. Resulta imperioso dejar el cinismo de lado para entender – y actuar en consecuencia- que el derecho a la vida está por encima de cualquier interés creado.

Lic. en Psicología